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8 may 2019

Conceptos de Estabilidad y Propiocepción

¿Qué es la estabilidad? 


Riemann y Lephart definen estabilidad como el estado de una articulación que queda o vuelve inmediatamente a la alineación apropiada por un igualamiento de fuerzas. Este proceso de mantenimiento funcional de la estabilidad articular es logrado por la relación complementaria entre componentes estáticos y dinámicos. Los estáticos o pasivos son la cápsula, ligamentos, cartílago articulares, más la fricción y la geometría ósea de los partners articulares. Las contribuciones dinámicas provienen del feedback (retroalimentación) y el feedforward (anticipación) del control neuromotor de los músculos esqueléticos que cruzan la articulación. El feedback se refiere a las acciones que se producen en respuesta a la detección sensorial por la llegada del estímulo en forma directa; en cambio el feedforward se refiere a los ajustes producidos en el sistema cuando detecta un estímulo inminente y se prepara para responder a él, antes de que éste llegue, elaborando una respuesta anticipada a la llegada del estímulo dada por las experiencias anteriores (Riemann y Lephart, 2002).

¿Qué es la propiocepción? 

Dentro de la función y fisiología de las articulaciones encontramos receptores que están involucrados con el sistema locomotor y que entregan información sensitiva a la corteza cerebral acerca de la postura y posición de todos los segmentos del cuerpo.

Sherrington introdujo el término de propiocepción, definido para incluir todas las entradas neurales originadas desde las articulaciones, músculos, tendones y asociadas a tejidos profundos. Cuando estas estructuras son sometidas a deformaciones mecánicas, potenciales de acción son conducidos al sistema nervioso central (SNC), donde la información puede influir en la respuesta muscular y sentido de posición. La integración de las entradas aferentes neurales al SNC contribuye a la capacidad del cuerpo de mantener la estabilidad postural. La unidad básica donde estos potenciales de acción se originan son los receptores de las articulaciones, los cuales son estimulados por fuerzas mecánicas asociadas a la elongación de tejidos blandos, relajación, compresión y tensión (Kawaguchi, 1999). Sherrington además declaró que la propiocepción es usada para la regulación del equilibrio postural y la postura segmentaria (Riemann y Lephart, 2002).

La propiocepción entonces puede ser definida como el sistema mediante el cual un individuo percibe la posición estática y dinámica de los distintos segmentos corporales. Puede ser definida además como una variación especializada de la modalidad sensorial táctil, que abarca las sensaciones de movimiento (cinestesia) y la posición de las articulaciones (Riemann y Lephart, 2002).

El sistema sensorio motor incorpora todas las aferencias, eferencias, integración central y procesamiento de los componentes implicados en el mantenimiento funcional de la estabilidad articular. Aunque los input visual y vestibular contribuyen, los mecanorreceptores periféricos son los más importantes dentro de una perspectiva clínica ortopédica, los cuales residen en tejidos cutáneos, musculares, articulares y ligamentosos (Riemann y Lephart, 2002).

Mecanorreceptores  periféricos 


Wyke describió y clasificó según diferentes características:

- Tipo I (postural): son de umbral bajo, adaptación lenta y responden a cambios por estrés mecánico. Son activados en cada posición de la articulación, incluso cuando está inmóvil. Su frecuencia de descarga cambia siempre que la articulación es movida. Se ubican en la cápsula articular superficial de las articulaciones proximales.

- Tipo II (dinámico): son de umbral bajo, pero de adaptación rápida. Están totalmente inactivos en articulaciones inmóviles y se activan por períodos breves sólo al inicio del movimiento, señalando aceleración articular. Se ubican en la cápsula profunda de las articulaciones distales.

- Tipo III (inhibitorio): son de umbral alto (traducen los estímulos más intensos), de adaptación lenta y son completamente inactivos en articulaciones inmóviles, se activan sólo con movimientos extremos de la articulación. Se ubican en cápsula articular y ligamentos intrínsecos y extrínsecos.

- Tipo IV (nociceptor): son inactivos en circunstancias normales, pero se activan cuando son sometidos a una marcada deformación mecánica o tensión, o en respuesta a irritación directa mecánica o química. Se ubican en múltiples tejidos (Kawaguchi, 1999).

Además de los mecanorreceptores, existen otras entradas de información propioceptiva como son el huso neuromuscular y el órgano tendinoso de Golgi (OTG). El huso neuromuscular, ubicado en las fibras intrafusales del músculo, detecta longitud y velocidad de la contracción muscular. El OTG está ubicado en las fibras extrafusales y detecta la fuerza o tensión muscular producida en una contracción; tienen un ordenamiento en serie, un umbral bajo y una sensibilidad dinámica exhibida por las terminaciones sensoriales, lo que permite señalar la tensión activa del músculo, es decir, durante la contracción muscular.

La integración de la información propioceptiva se realiza en tres niveles:


- Nivel Superior: corteza cerebral, ganglios basales y cerebelo. Acá se encuentra la conciencia cognoscitiva de posición y movimientos corporales, se inician y programan las órdenes para los movimientos voluntarios. En el nivel cerebeloso se produce la ejecución repetida de los movimientos lo que hace posible su realización inconsciente.

- Nivel Medio: tronco encefálico. La información propioceptiva proviene de las articulaciones, del vestíbulo y de la información visual; por lo tanto en esta área se controla la postura y el equilibrio.

- Nivel Inferior: médula espinal, nivel de integración más básico. La información proviene de los husos neuromusculares y de los receptores articulares, acá se desencadenan los reflejos osteotendíneos (ROT) y la estabilización muscular refleja durante una tensión superior a la normal, la cual se define como una contracción muscular inconsciente ante un estímulo de aumento de tensión, cambio de posición o dolor en una articulación, para contrarrestar un movimiento (Riemann y Lephart, 2002).

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